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Mostrando entradas de mayo, 2026

VENDE TU ALMA POR UN CENTAVO

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Han escuchado por ahí que «¿Cuando no tienes nada bueno que decir mejor no digas nada?» Pues este Duende ha regresado hoy para decir algo, quizá por desahogo rabioso o porque simplemente me surge la necesidad. Hoy les hablare de los mercados de amistad y las falsas promesas que envuelven a los famosos: “Networking”, “Tener contactos”, “PR Relationship”, “Palancas”, “Conectes” y cuantos nombres más conozcan al respecto, que han convertido las relaciones sociales en un oferta demanda de mercados bursátiles. Son incontables las veces en que en estas vidas he tenido que estar negociando falsos intereses, que ni siquiera tengo, para poder llevarme bien con mi jefe actual, el próximo, el que está en el puesto que quiero o incluso los nuevos profesores, dueños o inversores de algún lugar. Y es que esto no solo se ve en un trabajo, lo vemos en todos los ámbitos, y sin darnos cuenta desde siempre se nos han presentado, pero ya se han vuelto tan necesarios que esas capas de identidad de las que ...

TAN CRUDA COMO LA CEBOLLA

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  Y hablando de romantizar el marketing, tenemos una festividad cercana a la anterior en algunos países: el Día de la Madre, donde el calendario nuevamente nos dice que debemos celebrar a nuestra progenitora.  Más de uno nos hemos preguntado —pero ¿por qué necesitamos una fecha para celebrarlo?—.  Si nos vamos a escarbar en el pasado y en la historia, es precisamente por eso; como muchas celebraciones, la historia la ha impuesto, pero mi pregunta es más bien del tipo retórica.  Es triste que la mayoría no lo haga simplemente porque le nace del corazón y no solo porque esté marcado. Hay que aceptarlo: es mucho más fácil seguirlo como un bullet a tachar en nuestra lista de tareas dentro de una agenda.  Aun así, recordemos que no siempre, solo por ser nuestras madres, son perfectas. Al final, son duendecillas; duendecillas que por siglos no eligieron ser madres o amas de casa; duendecillas que tenían sueños y para quienes, quizá, ser madres era lo último en su lis...

ENTRE FESTINES Y ESPINAS

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¡Ah, la nostalgia del Día del Niño! Suele ser el tema obligado este mes. Ayer se subían fotos de la infancia en las redes y se recordaban momentos felices; hoy, toca volver a la fría realidad de un pasado que no volverá. Pero, ¿por qué añoramos tanto aquellos días? Quizá porque, ahora de adultos, sabemos que nuestra vida era más sencilla, o quizá porque ahora nuestra realidad se siente tan difícil, como esa carga que muchos llevan a cuestas: deudas, gastos, familias que alimentar, sueños no cumplidos. En comparación con aquellos días de juegos y risas, cualquiera preferiría volver. Yo me pregunto: ¿por qué nadie recuerda lo difícil y cruda que puede ser la niñez? Romantizamos tanto el pasado que olvidamos que, cuando lo tuvimos, no lo valoramos. Al contrario: muchos soñábamos con crecer y alcanzar un mundo que no conocíamos y ahora, arrepentidos estamos. Eso no solo pasa con la niñez; pasa con todas las etapas de la vida.  Cuando vemos el pasado como herramienta del presente, no si...