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Mostrando entradas de marzo, 2026

EL ECO DE LA DEUDA: FACTURA DE UNA GRATITUD FORZADA

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Así como la carne seca, que suele ser muy dura y por más que la mastiques y vuelvas a masticar no puedes simplemente pasar el bocado, tampoco puedes tragarte tu estúpida dignidad y pensar que sobrevivirás sin consecuencias. En una de tantas vidas como duendecilla, conocí de una forma amarga lo que realmente es el amor propio. Alrededor de mis quince años, comenzaba a experimentar lo que era el poder en su máxima expresión. El primer duende que se acercó a mí con ánimos de cortejo —cursi y simplón— me agradaba, pero no en el sentido que él imaginaba. Yo, al ser una duendecilla que creía merecerlo todo por el simple hecho de existir, usaba eso a mi favor. Entre regalos, adulaciones y préstamos, aquello se volvió un turbio baile de apuestas sin control. Él traía un obsequio; yo respondía con un “claro, pero después”. Él hacía cumplidos; yo solo sonreía y cambiaba la conversación. No era superficial, ¿cómo creen? Jamás lo sería… Yo creía ciegamente que las duendecillas debían comportarse a...

ANTIFACES Y SANGUIJUELAS

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Tener una máscara es más común de lo que se piensa. En opinión de este duende, el 99.9% de los seres vivos contamos con una, y el que te diga que no, definitivamente miente. Tener un disfraz es, en sí mismo, una mentira. Una de las cosas que más odia este duende es que nadie lo acepte: es pura supervivencia. Por más que digan que mentir es malo, usar un antifaz para ocultar nuestro verdadero ser ya es una falacia. ¿Cómo esperan que seamos cien por ciento sinceros, si el mismo mundo no está preparado para aceptarse así mismo? Corría la época más inocente de este duende, aquella en la que tuvo que aceptar su propia verdad. La primera vez que lo noté fue en la horrible y asquerosa pubertad; desde ahí me persiguió por toda la adolescencia, la etapa más incómoda, molesta y tortuosa que un duende pueda vivir. Un tiempo rodeado de estereotipos, modas y reglas sociales que impiden que uno sepa qué demonios hacer con su propia existencia. Como todo duende púber, pensaba en los cambios biológico...

UN SUJETO, UN EXPERIMENTO

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Este planeta es un sitio absurdo. A veces, la vida te escupe directo a la cara: tus plantas se mueren, una paloma te mancha la ropa justo cuando vas a la entrevista del trabajo de tus sueños y, para rematar, el casero te pide la madriguera. Todo el mismo día. Siempre hay caos, y los seres que lo habitamos somos aún peores; pero, extrañamente, adoro estar aquí y observar cómo nos complicamos la existencia. Me remonto a una de mis tantas vidas, cuando era una duendecilla inocente y soñadora. Vivía en una madriguera a las afueras de una ciudad abarrotada y cursaba el cuarto grado de primaria en la mejor escuela de los alrededores y tanto dentro como fuera de las aulas, se me consideraba tímida e introvertida. Dentro de casa, sin embargo, vivía mi propio infierno. A diario se me acusaba de ser una niña boba, de no estar a la altura, de no madurar como la sociedad imponía. Estaba harta de los insultos de mis hermanos mayores: ¿Qué duende te gusta?, ¿Cómo es que no te gustan los duendes?, ¿e...