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VENDE TU ALMA POR UN CENTAVO

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Han escuchado por ahí que «¿Cuando no tienes nada bueno que decir mejor no digas nada?» Pues este Duende ha regresado hoy para decir algo, quizá por desahogo rabioso o porque simplemente me surge la necesidad. Hoy les hablare de los mercados de amistad y las falsas promesas que envuelven a los famosos: “Networking”, “Tener contactos”, “PR Relationship”, “Palancas”, “Conectes” y cuantos nombres más conozcan al respecto, que han convertido las relaciones sociales en un oferta demanda de mercados bursátiles. Son incontables las veces en que en estas vidas he tenido que estar negociando falsos intereses, que ni siquiera tengo, para poder llevarme bien con mi jefe actual, el próximo, el que está en el puesto que quiero o incluso los nuevos profesores, dueños o inversores de algún lugar. Y es que esto no solo se ve en un trabajo, lo vemos en todos los ámbitos, y sin darnos cuenta desde siempre se nos han presentado, pero ya se han vuelto tan necesarios que esas capas de identidad de las que ...

TAN CRUDA COMO LA CEBOLLA

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  Y hablando de romantizar el marketing, tenemos una festividad cercana a la anterior en algunos países: el Día de la Madre, donde el calendario nuevamente nos dice que debemos celebrar a nuestra progenitora.  Más de uno nos hemos preguntado —pero ¿por qué necesitamos una fecha para celebrarlo?—.  Si nos vamos a escarbar en el pasado y en la historia, es precisamente por eso; como muchas celebraciones, la historia la ha impuesto, pero mi pregunta es más bien del tipo retórica.  Es triste que la mayoría no lo haga simplemente porque le nace del corazón y no solo porque esté marcado. Hay que aceptarlo: es mucho más fácil seguirlo como un bullet a tachar en nuestra lista de tareas dentro de una agenda.  Aun así, recordemos que no siempre, solo por ser nuestras madres, son perfectas. Al final, son duendecillas; duendecillas que por siglos no eligieron ser madres o amas de casa; duendecillas que tenían sueños y para quienes, quizá, ser madres era lo último en su lis...

ENTRE FESTINES Y ESPINAS

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¡Ah, la nostalgia del Día del Niño! Suele ser el tema obligado este mes. Ayer se subían fotos de la infancia en las redes y se recordaban momentos felices; hoy, toca volver a la fría realidad de un pasado que no volverá. Pero, ¿por qué añoramos tanto aquellos días? Quizá porque, ahora de adultos, sabemos que nuestra vida era más sencilla, o quizá porque ahora nuestra realidad se siente tan difícil, como esa carga que muchos llevan a cuestas: deudas, gastos, familias que alimentar, sueños no cumplidos. En comparación con aquellos días de juegos y risas, cualquiera preferiría volver. Yo me pregunto: ¿por qué nadie recuerda lo difícil y cruda que puede ser la niñez? Romantizamos tanto el pasado que olvidamos que, cuando lo tuvimos, no lo valoramos. Al contrario: muchos soñábamos con crecer y alcanzar un mundo que no conocíamos y ahora, arrepentidos estamos. Eso no solo pasa con la niñez; pasa con todas las etapas de la vida.  Cuando vemos el pasado como herramienta del presente, no si...

EL OPIO DEL GLAMOUR

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Una vez más he venido con mi pluma; a dejar que la tinta se desborde y fluya el opio en mis palabras. No entiendo cómo los duendes esperan que uno siempre sea cortés y dé su mejor cara solo porque sí.  A más de uno nos ha pasado: siempre está el duende positivo y feliz, y uno piensa que algo no encaja. No se puede estar sonriente todo el tiempo, y no es solo la envidia la que habla. ¿Cómo evitar los días grises, esos en los que no quieres ver a nadie? Nos juzgan por apartarnos del mundo, pero en realidad tratamos de ser honestos con nuestro propio ser. Durante mucho tiempo fui el desagüe emocional de los duendecillos a mi alrededor; esa empatía, a veces, suele ser una maldición.  En esta nueva era de clics e IAs, es difícil no perderse en las máscaras de los otros. Por alguna extraña y estúpida razón que no quiero aceptar, los duendes siempre queremos pertenecer. Pero, cuando el resto nos ve desolados, la respuesta es inmediata: «conozco un buen psicólogo», «ve por tus pastill...

OTRO CUENTO DE CONSANGUÍNEOS SIN FINAL FELIZ

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¿Cuántas veces la vida nos ha advertido no tropezar con la misma piedra y, aun así, elegimos la caída? Esta es una de tantas anécdotas en las que, sabiendo que el fuego quema, siempre vamos a meter la mano. ¿será que nuestro ser confunde la llama de la derrota con una hipnotizante locura? Dicen que nadie escarmienta en cabeza ajena. Les contaré cómo los seres vivos confiamos tantas veces que, si nos observamos como externos, nos hartaríamos de vernos; incluso, no seríamos amigos de nosotros mismos. Desde pequeño me enseñaron a compartir porque "eso era bueno", a que el amor todo lo puede porque "eso es ser bueno", a dar siempre sin recibir nada a cambio y a que no importa qué tanto daño te haga un familiar ventajoso porque, al final, somos de la misma sangre, ¿no? Seguramente conocen los dramas y matanzas entre consanguíneos: la historia y la literatura nos lo advierte desde Edipo y Yocasta, pasando por los Borgia y los Tudor, hasta Hamlet o Bodas de sangre, por nom...

EL ECO DE LA DEUDA: FACTURA DE UNA GRATITUD FORZADA

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Así como la carne seca, que suele ser muy dura y por más que la mastiques y vuelvas a masticar no puedes simplemente pasar el bocado, tampoco puedes tragarte tu estúpida dignidad y pensar que sobrevivirás sin consecuencias. En una de tantas vidas como duendecilla, conocí de una forma amarga lo que realmente es el amor propio. Alrededor de mis quince años, comenzaba a experimentar lo que era el poder en su máxima expresión. El primer duende que se acercó a mí con ánimos de cortejo —cursi y simplón— me agradaba, pero no en el sentido que él imaginaba. Yo, al ser una duendecilla que creía merecerlo todo por el simple hecho de existir, usaba eso a mi favor. Entre regalos, adulaciones y préstamos, aquello se volvió un turbio baile de apuestas sin control. Él traía un obsequio; yo respondía con un “claro, pero después”. Él hacía cumplidos; yo solo sonreía y cambiaba la conversación. No era superficial, ¿cómo creen? Jamás lo sería… Yo creía ciegamente que las duendecillas debían comportarse a...