MALDITO MUNDO HERMOSO (Parte II): El eco del tablero
Hagamos una pausa, si, el mundo fue hermoso... pero solo por un instante, pues después de la maravillosa subida, llega la terrible caída. No todo es un cuento de hadas; no hay duendes felices que se lleven el gran premio prometido. La resultante de aquel logro, efímero como un suspiro, fue que, henchido por la hazaña, me sentí valeroso para atacar todos los tableros del poblado. Seguro de mis destrezas, me inscribí en otro torneo; uno de verdad, con premio en efectivo y todo. ¿Qué esperaban? Todo duende merece un par de zapatos nuevos. Error, cual fue mi sorpresa al enfrentarme a una partida rodeada de viejos duendes snobs y niños mimados y antipáticos. La presión fue tal que mi mente me saboteó; mi valentía me abandonó, me acobarde tanto que me sentí derrotado desde el primer movimiento. El pequeño contrincante no era más alto que yo, con su cara ufana y su ropa de tienda departamental. Si hubiese sabido que la posición social no tiene nada que ver con lo que habita en el cereb...