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Mostrando entradas de febrero, 2026

MALDITO MUNDO HERMOSO (Parte II): El eco del tablero

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Hagamos una pausa, si, el mundo fue hermoso... pero solo por un instante, pues después de la maravillosa subida, llega la terrible caída. No todo es un cuento de hadas; no hay duendes felices que se lleven el gran premio prometido. La resultante de aquel logro, efímero como un suspiro, fue que, henchido por la hazaña, me sentí valeroso para atacar todos los tableros del poblado. Seguro de mis destrezas, me inscribí en otro torneo; uno de verdad, con premio en efectivo y todo. ¿Qué esperaban? Todo duende merece un par de zapatos nuevos.   Error, cual fue mi sorpresa al enfrentarme a una partida rodeada de viejos duendes snobs y niños mimados y antipáticos. La presión fue tal que mi mente me saboteó; mi valentía me abandonó, me acobarde tanto que me sentí derrotado desde el primer movimiento. El pequeño contrincante no era más alto que yo, con su cara ufana y su ropa de tienda departamental. Si hubiese sabido que la posición social no tiene nada que ver con lo que habita en el cereb...

MALDITO MUNDO HERMOSO

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Todo surgió hace no más del tiempo que he vivido aquí, mucho más de lo que puedo recordar y, definitivamente, más de lo que nadie puede soportar. Como el tiempo es tan relativo —cosa curiosa de la que ya hablaremos después—, voy a contarles de mi primer destello feliz en este viejo planeta tan fastidioso en el que me ha tocado estar. Y bueno... es que yo no pedí nacer. ¿Cómo no iba a fastidiarme nacer en una madriguera llena de seis duendes mugrosos? Me tocó el último y horroroso turno: el número seis. "¡Es un número par, qué bonito!", decían. Ahora sé que todo fue una trampa vil y cruel. No me malinterpreten, estar rodeado de otros duendecitos con quienes jugar es maravilloso, pero en aquella época se sufrió bastante. Era como estar en una telenovela mexicana o en un dorama; es más, deberían prohibir la reproducción inconsciente. El calvario de la familia numerosa es, básicamente, un ejercicio de reciclaje humano. No hace falta mencionar nuestro estatus social, solo les diré...