EL OPIO DEL GLAMOUR
Una vez más he venido con mi pluma; a dejar que la tinta se desborde y fluya el opio en mis palabras. No entiendo cómo los duendes esperan que uno siempre sea cortés y dé su mejor cara solo porque sí. A más de uno nos ha pasado: siempre está el duende positivo y feliz, y uno piensa que algo no encaja. No se puede estar sonriente todo el tiempo, y no es solo la envidia la que habla. ¿Cómo evitar los días grises, esos en los que no quieres ver a nadie? Nos juzgan por apartarnos del mundo, pero en realidad tratamos de ser honestos con nuestro propio ser. Durante mucho tiempo fui el desagüe emocional de los duendecillos a mi alrededor; esa empatía, a veces, suele ser una maldición. En esta nueva era de clics e IAs, es difícil no perderse en las máscaras de los otros. Por alguna extraña y estúpida razón que no quiero aceptar, los duendes siempre queremos pertenecer. Pero, cuando el resto nos ve desolados, la respuesta es inmediata: «conozco un buen psicólogo», «ve por tus pastill...