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Mostrando entradas de abril, 2026

EL OPIO DEL GLAMOUR

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Una vez más he venido con mi pluma; a dejar que la tinta se desborde y fluya el opio en mis palabras. No entiendo cómo los duendes esperan que uno siempre sea cortés y dé su mejor cara solo porque sí.  A más de uno nos ha pasado: siempre está el duende positivo y feliz, y uno piensa que algo no encaja. No se puede estar sonriente todo el tiempo, y no es solo la envidia la que habla. ¿Cómo evitar los días grises, esos en los que no quieres ver a nadie? Nos juzgan por apartarnos del mundo, pero en realidad tratamos de ser honestos con nuestro propio ser. Durante mucho tiempo fui el desagüe emocional de los duendecillos a mi alrededor; esa empatía, a veces, suele ser una maldición.  En esta nueva era de clics e IAs, es difícil no perderse en las máscaras de los otros. Por alguna extraña y estúpida razón que no quiero aceptar, los duendes siempre queremos pertenecer. Pero, cuando el resto nos ve desolados, la respuesta es inmediata: «conozco un buen psicólogo», «ve por tus pastill...

OTRO CUENTO DE CONSANGUÍNEOS SIN FINAL FELIZ

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¿Cuántas veces la vida nos ha advertido no tropezar con la misma piedra y, aun así, elegimos la caída? Esta es una de tantas anécdotas en las que, sabiendo que el fuego quema, siempre vamos a meter la mano. ¿será que nuestro ser confunde la llama de la derrota con una hipnotizante locura? Dicen que nadie escarmienta en cabeza ajena. Les contaré cómo los seres vivos confiamos tantas veces que, si nos observamos como externos, nos hartaríamos de vernos; incluso, no seríamos amigos de nosotros mismos. Desde pequeño me enseñaron a compartir porque "eso era bueno", a que el amor todo lo puede porque "eso es ser bueno", a dar siempre sin recibir nada a cambio y a que no importa qué tanto daño te haga un familiar ventajoso porque, al final, somos de la misma sangre, ¿no? Seguramente conocen los dramas y matanzas entre consanguíneos: la historia y la literatura nos lo advierte desde Edipo y Yocasta, pasando por los Borgia y los Tudor, hasta Hamlet o Bodas de sangre, por nom...